La idea de tener que intentar un acuerdo antes de pisar el juzgado ha cambiado bastante la forma de plantear los divorcios. La intención es buena: rebajar la tensión y descongestionar unos juzgados de familia que van hasta arriba. Pero, como todo, genera dudas, y la primera que nos plantean es si esto retrasa las cosas o las complica.

Qué significa en la práctica

En determinados casos, antes de presentar la demanda hay que poder acreditar que se ha intentado resolver el asunto hablando. Ese intento se puede canalizar de varias maneras, y una de ellas es la mediación. Lo importante es que quede constancia, porque hay que poder demostrarlo cuando toca dar el paso al juzgado.

Mediación no es la única opción

Conviene aclararlo, porque se ha popularizado la palabra “mediación” como si fuera lo único que existe. No lo es. También está la negociación directa entre abogados, la conciliación o la opinión de un experto independiente. Parte de nuestro trabajo es elegir la vía que encaja con cada familia, y no meter a todo el mundo por el mismo embudo solo porque esté de moda.

Sentarse a negociar no es rendirse

Hay quien lo vive como una claudicación, como si aceptar hablar fuera aceptar perder. No va de eso. Nuestro papel en una mediación no es que firmes lo primero que te pongan delante, sino acompañarte, valorar los riesgos de cada opción y frenar cualquier acuerdo desequilibrado que estés a punto de firmar por cansancio o por desconocimiento. Negociar bien también es defenderte.

Cuándo funciona de maravilla

La mediación brilla cuando todavía queda algo de diálogo: repartir los tiempos con los hijos, cuadrar las vacaciones, organizar los gastos, mejorar la comunicación entre padres que van a tener que seguir tratándose durante años. En esos terrenos, un acuerdo hecho a medida suele funcionar mucho mejor que una sentencia impuesta desde fuera.

Y cuándo no es el camino

Pero no siempre es buena idea, y hay que decirlo con claridad. Cuando hay un desequilibrio grave entre las partes, cuando uno oculta información económica o, sobre todo, cuando hay violencia de por medio, forzar una negociación puede ser directamente contraproducente. Ahí no toca mediar; ahí toca proteger y acudir al juez.

El efecto en los plazos

Sí, este paso previo añade una fase al calendario, así que lo mejor es contar con él desde el principio y no llevarse sorpresas. Planificarlo bien evita retrasos justo cuando más prisa hay, que suele ser cuando hay que tomar medidas urgentes con los niños o con la vivienda. Anticiparse, como casi siempre en esto, es media victoria.

¿Quién paga la mediación?

Suele ser una de las primeras dudas prácticas. Por regla general, el coste del mediador se reparte entre las dos partes, aunque puede pactarse otra cosa. En cualquier caso, comparado con lo que cuesta un procedimiento contencioso largo, casi siempre sale a cuenta. No conviene descartarla solo por el gasto: bien llevada, es de las inversiones que más ahorran a medio plazo.

Cómo lo enfocamos nosotras

Nuestra manera de trabajarlo es sencilla: intentamos el acuerdo con todas las ganas, pero sin bajar la guardia. Si vemos que hay margen y buena fe, empujamos hacia el pacto. Si detectamos desequilibrio o mala fe, no dudamos en ir al juzgado. Lo que no hacemos nunca es firmar por cansancio.

Al final, la mediación es una herramienta más, ni la panacea ni un simple trámite. Usada en el caso adecuado y con buen criterio, ahorra tiempo, dinero y desgaste. Forzada donde no toca, solo retrasa lo inevitable. La clave, como casi siempre, está en saber distinguir una situación de la otra.

Te ayudamos a valorar si la vía negociada conviene a tu caso o si necesitas una defensa judicial firme.
Échale un vistazo al artículo en El Periódico de España

Contacta con nosotras en el 606 844 363 y te ayudaremos.

Nuestras abogadas
Carolina Llamas, abogada en Llamas & Bermejo (Madrid)
Carolina Llamas
Socia fundadora · Colegios de Madrid y Alcalá de Henares
LinkedIn
Más de 25 años de ejercicio y dilatada experiencia procesal ante los tribunales en derecho penal, civil, de familia y violencia de género. Cofundadora de Llamas & Bermejo Abogadas en 2012. Mediadora civil y familiar. Letrada colaboradora de la OCU.
Verónica Bermejo, abogada en Llamas & Bermejo (Madrid)
Verónica Bermejo
Socia fundadora · Colegios de Madrid y Alcalá de Henares
LinkedIn
Más de 25 años de experiencia en derecho de familia, civil, penal y violencia de género. Cofundadora de Llamas & Bermejo Abogadas en 2012. Combina el rigor procesal con una atención cercana y personalizada a cada cliente.
Llamas & Bermejo Abogadas · Madrid — Conoce el despacho ›