Hay una frase que repetimos casi a diario en el despacho: el testamento no es para el que se va, es para los que se quedan. Verónica Bermejo lo resume en esta entrevista con una idea que a nosotras nos gusta mucho, porque desdramatiza el asunto: se trata, dice, de “una herramienta de previsión y tranquilidad”. Y sin embargo es de las decisiones que más se posponen. Casi nadie llega a la consulta diciendo “vengo a hacer testamento”; llegan cuando alguien ha fallecido y el reparto se ha complicado.

Qué pasa de verdad cuando no hay testamento

Cuando una persona muere sin haberlo otorgado se abre lo que llamamos sucesión intestada. Dicho en cristiano: la herencia se reparte según un orden que ya viene marcado por la ley, y no según lo que esa persona hubiera querido. El primer tropiezo llega antes incluso de repartir nada, porque hace falta tramitar una declaración de herederos. Es un paso más, con sus tiempos, sus gastos y su papeleo, y encima toca hacerlo en el peor momento, cuando la familia está de duelo y con la cabeza en otro sitio.

¿Y quién hereda entonces?

La ley llama a heredar por orden: primero los hijos y descendientes, después los padres y ascendientes, luego el cónyuge y, a falta de todos ellos, parientes más lejanos. El problema es que ese orden es rígido y no entiende de matices familiares. Deja fuera, por ejemplo, a la pareja con la que llevabas media vida pero con la que no te casaste. Ahí es donde se llevan los disgustos más gordos.

Por dónde saltan casi siempre los conflictos

Si tuviéramos que señalar el detonante número uno, no dudaríamos: los bienes que no se pueden partir. Una vivienda, el negocio familiar, la casa del pueblo. Tres hermanos y un piso: alguien quiere venderlo, otro quiere quedárselo y el tercero no se decide. A partir de ahí, todo se enquista. También vemos mucha pelea por cómo se valoran los bienes o por quién administra mientras se reparte. Un testamento bien pensado no elimina las emociones, pero reduce muchísimo el margen para interpretar y discutir.

Proteger al cónyuge y, sobre todo, a la pareja de hecho

Dentro de lo que la ley permite, el testamento sirve para reforzar la posición de quien se queda: reconocerle derechos sobre la vivienda, mejorar su usufructo, darle un colchón. Con las parejas no casadas la cosa es más seria de lo que la gente cree. En el régimen común no heredan por ley, y punto. Da igual que hayan convivido veinte años. Y como cada comunidad autónoma va por su lado en esta materia, lo que vale en un sitio no vale en otro. Para estas parejas, el testamento no es una opción: muchas veces es la única red de seguridad.

Cada cuánto conviene revisarlo

El testamento no caduca, pero la vida cambia y él debería cambiar contigo. Nosotras recomendamos echarle un vistazo cada vez que ocurre algo importante: nace un hijo o un nieto, te casas o te divorcias, compras o vendes una casa, montas una empresa, o fallece alguna de las personas que habías nombrado. Un testamento de hace veinte años puede estar hablando de una familia que ya no existe.

Antes de dar el paso

Lo más útil es llegar con una foto clara de lo que tienes y de a quién quieres proteger, y dejarte asesorar sobre hasta dónde puedes decidir, empezando por las legítimas, esa parte que la ley reserva a los herederos forzosos. Y quítate de la cabeza el mito: esto no va de grandes fortunas. Con una casa, unos ahorros y unos hijos, ya tienes motivos de sobra para dejarlo todo ordenado.

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Nuestras abogadas
Carolina Llamas, abogada en Llamas & Bermejo (Madrid)
Carolina Llamas
Socia fundadora · Colegios de Madrid y Alcalá de Henares
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Más de 25 años de ejercicio y dilatada experiencia procesal ante los tribunales en derecho penal, civil, de familia y violencia de género. Cofundadora de Llamas & Bermejo Abogadas en 2012. Mediadora civil y familiar. Letrada colaboradora de la OCU.
Verónica Bermejo, abogada en Llamas & Bermejo (Madrid)
Verónica Bermejo
Socia fundadora · Colegios de Madrid y Alcalá de Henares
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Más de 25 años de experiencia en derecho de familia, civil, penal y violencia de género. Cofundadora de Llamas & Bermejo Abogadas en 2012. Combina el rigor procesal con una atención cercana y personalizada a cada cliente.
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